miércoles, 5 de enero de 2011

Carta abierta a los cambios educativos en Chile. 1° parte.

La educación actual se ve atravesada por incontables problemáticas e iguales oportunidades y desafíos. Nuestros sistemas educativos deben responder a un sin fin de necesidades que varían según quien las mire, Cano (1999) tomando la perspectiva de Schmelkes nos comenta que los beneficiarios de escuela pueden ser: el alumno de hoy; ese mismo alumno mañana; los padres de familia; la escuela que lo recibe como egresado; la persona u organización que le da empleo; la comunidad en la que vive y/o la sociedad en la que se desarrollará social, cultural, económica y políticamente. Y, aunque durante mucho tiempo, se consideró la primera opción como la prioritaria, hoy vemos la necesidad de considerar todas esas posibilidades como legítimas.
Hoy vivimos en un mundo donde los medios de transporte y comunicación, y la tecnología en general, elimina barreras, acerca y democratiza, el acceso a la información y nos pone en evidencia las interrelaciones y la interdependencia de los fenómenos sociales, ambientales, económicos, políticos, etc. Por ello, cada uno de los ciudadanos que formamos parte de este mundo globalizado, tenemos que tener criterios para valorar, entre tantos datos y conocimientos, lo que nos parece importante y relevante para nuestro desarrollo como personas, pero también como colectividad, pues la mundialización no solo se refleja en los valores económicos […] sino en los nuevos valores sociales, humanos, educativos, transpersonales y trascendentes que están aflorando en los variados contextos de la actividad humana. (Torre, 2007, 9)
¿Qué es lo que tiene relevancia de lo todo aquello a lo que hoy tenemos acceso? ¿Qué es lo que de verdad importa de todo lo que hoy podemos aprender en los diferentes medios que unen el mundo? Me atrevo a decir, que no existe lo importante, ni lo relevante, y que cada uno de nosotros, como seres alfabetizados y educados deberíamos tener la capacidad de decidir en libertad lo que realmente nos quedará de todo aquello a lo que diariamente podemos acceder. No obstante, ese criterio, que parece personal, también es un factor que, como todo en la actualidad, afecta a muchos otros, o sea, está interconectado con la sociedad en que me desenvuelvo, e incluso con el mundo en que vivo. Por ello las decisiones que tomamos deben abarcarse con una amplitud de mira que sólo puede tomando conciencia de la globalidad de nuestro actuar, y en eso la educación ha de jugar un papel fundamental.
Cuando pensamos en la educación del futuro, inmediatamente se nos vienen a la cabeza los siete saberes que Morin nos plantea como grandes desafíos de la educación contemporánea. Este autor plantea lo antes dicho aclarando que la educación debe contribuir no sólo a tomar conciencia de nuestra Tierra-Patria, sino también permitir que esta conciencia se traduzca en la voluntad de hacer realidad la ciudadanía terrenal. (Morin, 2001, 23) No obstante para conseguir esto hay mucho camino por recorrer, y uno de los que ya se comienzan a trazar es el de la transdisciplinariedad.
Podemos entender la transdisciplinariedad de muchas formas, pero me agrada la idea que plantea Bonil al exponerla como un diálogo disciplinar, o sea como la forma de articular el conocimiento de las diferentes disciplinas en la aproximación, interpretación y acción sobre los fenómenos del mundo. El diálogo disciplinar permite dialogar entre los saberes disciplinares desde una visión que huye del reduccionismo y las relaciones jerárquicas entre disciplinas, donde cada disciplina reconoce sus límites al aproximarse a los fenómenos del mundo [y] permite integrar puntos de vista e interpretaciones de un mismo fenómeno desde la diversidad de dimensiones disciplinares posibilitando la construcción de los modelos conceptuales propios de cada disciplina y el establecimiento de relaciones entre ellos. (Torre, 2007, 209)
En Chile, en la actualidad, la educación está sufriendo una reforma, que más que responder a los desafíos actuales, responde a los intereses políticos de quienes hoy en día están en el gobierno. La actual reforma que se discute en el congreso además de modificar drásticamente el estatuto docente, entregando más "autonomía" a los sostenedores, privando de seguridad laboral a los docentes, también quiso plantear la disminución o supresión de asignaturas, para entregar mayor cantidad de horas a la dedicación de otras, de facto es la disminución de horas de Historia y Tecnología (que en algunos establecimientos educacionales podría implicar la desaparición de está última asignatura) para entregar mayor dedicación a los ramos de Lenguaje y Matemáticas. ¿Qué parte del desafío transdisciplinar no estamos entendiendo?
Como plantean Josep Bonil y Genina Calafell las disciplinas constituyen un patrimonio fundamental de la cultura. Son una forma de entender e intervenir sobre el mundo […] se puede decir que la aplicación del conocimiento disciplinar, si bien ha generado conflictos, también ha significado el avance hacia mejores condiciones de vida, cambios en las formas de organización social y generaciones continuas de ideas, reproduciendo las características de las acciones humanas sobre el mundo. (en Torre, 2007, 208)
Pese a ello, la educación chilena estuvo a punto de sufrir, no sólo una compleja reforma absolutamente antitransdisciplinar, sino además una grave limitación de su patrimonio cultural que hubiese traducido en que los estudiantes chilenos tendrían una visión parcializada de su propio mundo, pues la diversidad de dimensiones que se abren al conocer de Historia al saber de Tecnología, se hubiese visto truncada. Esto no sólo hubiese producido una fragmentación de las formas de entender la contemporaneidad sino, además, habría hecho más complejo y difícil la generación de un diálogo disciplinar pleno, que nos lleve a comprender nuestro mundo en su complejidad.
Gran debate a produjo esta medida, sobre todo entre docentes que plantean cuestiones, como: “nuestros alumnos sabrán más y mejor las palabras, pero no sabrán que decir”, “nuestras alumnas podrán contar y ejecutar operaciones matemáticas mejor, más eficientemente, pero sin cuestionarse el para qué lo hacen”.
La idea de querer decir más y mejor es loable, más si no podremos unir nuestras palabras a cosas como nuestra propia historia, nuestra cultura, nuestra identidad, entonces el discurso será simple retórica, serán palabras sin mayor importancia. Mafalda nos lo explicita claramente en el dibujo.

Si queremos ejecutar cálculos de manera eficiente, ignorando toda la historia y formación de la lógica que aplicamos al realizarlos, entonces nuestra visión estará limitada.
Pienso que, de aplicarse está reforma, nuestros futuros estudiantes, y por ende futuros profesionales, vecinos y ciudadanos, podrían haber tenido un buen discurso, pero no la conciencia del mismo, así como Susanita:

Ya en 1986 Miguel Fernández da cuenta, en su libro sobre la evaluación y el fracaso escolar, de algo que el sistema educativo sigue obviando y que este autor plantea en su dedicatoria: A cuantos se esfuerzan por cambiar la educación que ellos recibieron , al haber constatado el fracaso escolar universal en una evaluación muy sencilla: los “mejores educados” del planeta, las minorías que deciden, no fueron eficazmente ayudadas por sus respectivos sistemas “educativos” a adquirir el mínimo de imaginación, bondad y lógica, necesario para eliminar solidariamente las armas y el hambre (Fernández, 1986, 7) y yo agrego, para ayudar a modificar la injusticia social, la mala distribución de los recursos, el individualismo, el miedo, la poca conciencia ambiental y el egoísmo característico de nuestra época. Pero esto no se modificará mientras centremos nuestros esfuerzos en educar profesionales sin conciencia social, que no piensan en los demás, que sólo apelan a sus logros personales fundados en metas económicas, que saben sacar cálculos pero no utilizan ese saber para distribuir mejor y más justamente los recursos, que creen que lo más importante es el beneficio, que conocen muchas palabras pero han olvidado el significado de palabras como bondad o solidaridad, mientras no cambiemos esa idea de educación que limita ciertas disciplinas jerarquizándolas y sesgando la visión del mundo, seguirá ocurriendo lo que Miguel Fernández nos decía, o sea existirá un fracaso escolar universal, que no trata de un puntaje no alcanzado o una nota no lograda, sino de una humanidad incompleta.

1 comentario:

  1. Uff, hace mucho que no pasaba por estos lados :) que interesante el punto de la educación transdisciplinar, estuvo increíble lo que escribió, me gustó mucho. Me acordé de mi profe de cálculo -que casi fue como nuestro profe jefe de la U jaja- él no se cerró únicamente a su disciplina sino que pudimos aplicar los conocimientos a otras áreas, si hasta nos habló de 2001 odisea del espacio! y yo era la única que la había visto xd este año voy a hacer la ayudantía de ese ramo, ¿qué hubiese pasado si en mi curso humanista me hubiesen sacado las matemáticas? Creo que es necesario tener un conocimiento amplio, porque esa es la forma en la que debemos resolver los problemas actuales, no de manera fragmentada con las ya conocidas 'soluciones parches', sino a través de un enfoque más sistémico que abarque y represente de mejor manera la realidad.
    Me va a tener que recomendar algunos libros y autores porque se ven muy buenos :D

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