Hoy en día en Chile se discute constantemente por muchas cosas, una de ellas es la educación de calidad. El CEP ha invitado a la doctora Inger Enkvist, de la Universidad de Lund, Suecia, para hablarnos de las características de la educación escandinava que es la que logra los mejores resultados en las pruebas internacionales; y sus propuestas, junto con las del actual Ministerio de Educación sobre “crear colegio de excelencia tipo Instituto Nacional”, han provocado un abultado debate sobre la educación de calidad.
Hablamos de carrera docente, hablamos de colegios de excelencia, hablamos de calidad, pero nadie define a que nos referimos con “calidad”, creo que se da por hecho que “calidad” es “alto puntaje”. Alto puntaje en el SIMCE, alto puntaje en la PSU, alto puntaje en PISA, alto puntaje en TIMSS, pero que significan esos resultados. Como docente que alguna vez ha visto estos tipos de evaluación puedo decir, superficialmente, que unos miden conocimientos, como la PSU, otro destrezas y habilidades, como el SIMCE, otros buscan medir competencias como PISA y TIMSS, así que para que nuestra educación alcance los puntajes deseados tenemos que hacer que nuestros alumnos y alumnas aprehendan muchos conocimientos, manejen destrezas y habilidades de forma impecable, sean competentes al máximo. Puedo exponer aquí miles de razones de por qué la educación en nuestro país está a años luz de trasvasar a nuestros estudiantes todas esas cosas, y van desde los 90 minutos distribuidos en 45 estudiantes, hasta los 15 minutos de hora cronológica, por cada hora pedagógica en aula, que se designan para planificar clases, confeccionar material, idear actividades, revisar evaluaciones, reflexionar sobre la clase, sobre las actividades, sobre las evaluaciones, atender apoderados, reuniones de departamento del ramo, reuniones institucionales, reuniones de apoderado, trabajo y atención individual, recreo, orientación, etc. Una vez leí las ilustrativas palabras de una profesora de arte que decía: pónganle a un buen médico 45 enfermos que debe atender en 90 minutos, considere que algunos de ellos ni siquiera quieren ser atendidos, y después venga a hablarme a mí de educación de calidad.
Pienso que tiene mucho de razón esa docente, pero no profundizaré en eso en esta oportunidad, ahora quiero hablarle a usted Educación de Calidad, y plantearle, ¿Cuál es la calidad que queremos?
Leía opiniones de muchas personas en las cartas del periódico nacional El Mercurio, donde algunos ciudadanos exponen sus ideas, (me agrada ver como las personas se expresan, debaten, discuten, siempre que sea en forma respetuosa) y entre las muchas cosas que decían, alababan la selección y separación de los alumnos y alumnas más destacados en mejores instituciones educativas, pues lo merecían. Pero mi pregunta es ¿Sólo ellos merecen buena educación?
Hace varias décadas en una universidad inglesa, en la cuál se practicaba la selección en cursos A donde iban los mejores y B donde quedaba el resto, se hizo el “experimento” de dar vuelta la torta, poner a los “malos” en el curso A de los excelentes y a los “buenos” en B, esto sin informar a profesores ni a alumnos, el resultado es que el curso A fue tan bueno como todos los seleccionados en años anteriores, o sea, esa selección creaba expectativas que se cumplían, los buenos serían buenos y los demás, del montón.
Las expectativas que se generan los estudiantes, que se hacen los profesores, que manifiestan los padres y apoderados sobre sus hijos y pupilos, que se crea la sociedad son parte importante de los logros que todos juntos alcanzan, por eso tenemos que tener claro que queremos como sociedad, que queremos como docentes, que quieren nuestros alumnos y alumnas, ¿Alguien les ha preguntado?
Me desvío de mi objetivo, la señora “Educación de Calidad”, porque hay tanto que decir sobre educación. Pero intentaré resumir lo que quería decirle desde un principio, sólo entendiendo y concensuando lo que queremos como “calidad” podremos obtenerla.
Hablando tanto de estudiantes como de profesores podemos decir; algunos entran a la sala por cumplir, algunos entran a la sala para resolver fórmulas, algunos entran a la sala para aprehender y enseñar, algunos entran a la sala para repetir datos, algunos entran a la sala para salir siendo un poquito mejores, algunos entran a la sala para salir pronto, algunos entran a la sala por que “es lo que hay”, algunos entran a la sala para compartir, hay tantas razones, ¿cuál de ellas es mejor que la otra, cuál garantiza la calidad educativa que necesitamos? ¿Cuál garantiza el mejor resultado en la PSU, en el SIMCE, en PISA, en TIMSS? No lo sé, pero recuerdo ahora las palabras del profesor Miguel Ángel Santos Guerra “la obsesión por los resultados, la competitividad entre los alumnos, la presión de la sociedad sobre los centros educativos en busca de la eficacia, etc. pueden alejar a los profesionales de la preocupación por cuestiones con más calado”, cosas de mayor calado como las que diariamente se tratan en la educación por que recordemos con palabras del mismo autor “educar es preparar para la vida…[por eso]… no se trata de llenar la cabeza de conocimientos, sino el corazón de motivos.”
domingo, 30 de mayo de 2010
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