Esta carta se dirije a todos aquellos que detentan la dirección de muchas naciones, ya sea de manera democrática, ya sea como dictadores, ya sea como monarcas; les sea dado tal derecho por el pueblo, por la fuerza o por su Dios. Esta carta se dirije a todos aquellos que hoy manejan la política mundial pero que no están entendiendo cuál es su rol. O sea, esta carta se dirije a todos y cada uno de los gobienos de la Unión Europea, a muchos de África, a varios de Latinoámerica, a algunos Estados de los Estados Unidos.
Esta carta se dirije a ustedes y os la envío para hacerles una pregunta
¿Para quién estáis gobernando?
Al parecer no algunos, sino muchos han olvidado cuál es el rol de los gobernantes. Ya sean democráticamente elegidos, incluso si se han instaurado por la fuerza o si algún Dios que no conocemos les ha designado. Sea como sea, habeis olvidado que gobernais para el pueblo y con el pueblo.
Incluso los antiguos monarcan de hace varios siglos planteaban que gobenanban para el pueblo, aún que lo hicieran sin el pueblo. Hoy el pueblo que los elige, que les sigue o que forma su reino, no forma parte ni del para que se gobierna, ni del con quien se gobierna. El pueblo, la gente, a quienes representan en la mayoría de las supuestas democracias occidentales ya no es el beneficiario de sus decisiones, ¿Es qué habeis olvidado que estais gobernando para representarlos?
Hoy leo las noticias, veo grandes manifestaciones, multitudianrias, masivas, de miles y miles de personas exigiendo que no se firmen leyes que apelan contra sus derechos laborales, pero sus gobernantes insisten en llevar a cabo dicha tarea, no sólo obviando el clamor de los ciudadanos, sino que reprimiéndolo ya sea por la fuerza o por la declaración de estados de excepción. ¿Qué está pasando? ¿Por qué los gobernantes no escuchan al pueblo que representan? Ese pueblo que les elegió, por él cuál deberían trabajar, esa gente que, además, a través de sus impuestos sostiene a sus gobernantes.
Después veo otro titular “Empresas exigen más reformas antes de las elecciones”, ¿es que las empresas tienen derechos ciudadanos?
Ya hace mucho nos dimos cuenta que para el sistema en general, y quienes transitan por él ciegamente sin pensar en las personas sino sencillamente en el dinero y el beneficio personal, la sociedad es algo que le resulta indiferente, la gente, las personas y sus necesidades son probables consumidores, no seres humanos con derechos.
No obstante que nuestros representantes, que nuestros gobernantes, sustentados, autorizados y avalados por la votación democrática de su pueblo, gobiernen para el dinero, para las empresas y para el beneficio personal, quiere decir que esto está llegando realmente a su climax.
¿Quién cuidará nuestros derechos si el encargado, o sea el estado, está en el otro bando, en el de los que obtienen beneficios de nuestra labor sin importarles nuestras necesidades?
No se si todo tiempo pasado fue mejor, pero se que el futuro tiene que serlo, y hacer algo frente a todo lo que está pasando está en nuestras manos.
Hoy, en este instante, hay miles de personas protestando contra sus dictadores, porque no gobernanban para ellos. Ahora, hay pueblos que han derrocado a sus gobiernos, y no de forma violenta sino a través de la participación y el ejercicio de sus derechos, obligando a sus representantes a renunciar, precisamente por no representarlos. Hace muy poco, miles de jóvenes lograron la derogación de una ley constitucional implantada durante un dictadura en un país que parece más un laboratorio del neoliberalismo que un lugar democrático.
¿No dice la declaración de independencia de los Estados Unidos que es una verdad evidente que todos los hombres (y agrego, y las mujeres) nace iguales y que todos tenemos el derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad y que para garantizar esos derechos designamos gobernantes y que si estos no llevan a cabo su tarea está en las manos del pueblo destituirlos? Parece que en Wisconsin miles de personas recordaron los ideales sobre los que se funda su nación, no obstante quien los gobierna no sólo los pasó por alto sino además los violó. ¿Y qué hizo el resto de la sociedad occidental democrática? Nada. El resto de los países del primer mundo obvió al pueblo y sus necesidades e ignoró lo que reclamaban miles y miles de personas, quitándoles protagonismo y omitiéndolos de sus noticias e informaciones. No vaya a ser que la gente en el resto del mundo civilizado siga ese mal ejemplo, cómo se le ocurre que dejaremos que nuestros pueblos vean como otros pueblos se levantan frente al establecimiento de medidas y leyes que nosotros estamos imponiendo en nuestros propios países.
Lamento comunicarles, señoras y señores, que hace bastante tiempo que aprendimos a leer y a escribir, pero que ahora además aprendimos a pensar, analizar y criticar. Que nos informamos porque queremos, no por que ustedes nos impogan lo que debemos saber, y les digo que no estamos de acuerdo con lo que está pasando.
Señoras y señores gobernantes, hoy tienen en sus países pueblos con el que podrían construir futuros plenos y prósperos fundados sobre ideales que valen más que cualquier empresa, hoy podríamos entre todos hacer del mundo un lugar mejor, increíblemente mejor, está en sus manos dejar de gobernar para el dinero y la minoría que lo maneja y empezar a trabajar para el pueblo, con el pueblo, sino los cambios se harán desde el pueblo.
Saludos cordiales.
martes, 29 de marzo de 2011
miércoles, 5 de enero de 2011
Carta abierta a los cambios educativos en Chile. 1° parte.
La educación actual se ve atravesada por incontables problemáticas e iguales oportunidades y desafíos. Nuestros sistemas educativos deben responder a un sin fin de necesidades que varían según quien las mire, Cano (1999) tomando la perspectiva de Schmelkes nos comenta que los beneficiarios de escuela pueden ser: el alumno de hoy; ese mismo alumno mañana; los padres de familia; la escuela que lo recibe como egresado; la persona u organización que le da empleo; la comunidad en la que vive y/o la sociedad en la que se desarrollará social, cultural, económica y políticamente. Y, aunque durante mucho tiempo, se consideró la primera opción como la prioritaria, hoy vemos la necesidad de considerar todas esas posibilidades como legítimas.
Hoy vivimos en un mundo donde los medios de transporte y comunicación, y la tecnología en general, elimina barreras, acerca y democratiza, el acceso a la información y nos pone en evidencia las interrelaciones y la interdependencia de los fenómenos sociales, ambientales, económicos, políticos, etc. Por ello, cada uno de los ciudadanos que formamos parte de este mundo globalizado, tenemos que tener criterios para valorar, entre tantos datos y conocimientos, lo que nos parece importante y relevante para nuestro desarrollo como personas, pero también como colectividad, pues la mundialización no solo se refleja en los valores económicos […] sino en los nuevos valores sociales, humanos, educativos, transpersonales y trascendentes que están aflorando en los variados contextos de la actividad humana. (Torre, 2007, 9)
¿Qué es lo que tiene relevancia de lo todo aquello a lo que hoy tenemos acceso? ¿Qué es lo que de verdad importa de todo lo que hoy podemos aprender en los diferentes medios que unen el mundo? Me atrevo a decir, que no existe lo importante, ni lo relevante, y que cada uno de nosotros, como seres alfabetizados y educados deberíamos tener la capacidad de decidir en libertad lo que realmente nos quedará de todo aquello a lo que diariamente podemos acceder. No obstante, ese criterio, que parece personal, también es un factor que, como todo en la actualidad, afecta a muchos otros, o sea, está interconectado con la sociedad en que me desenvuelvo, e incluso con el mundo en que vivo. Por ello las decisiones que tomamos deben abarcarse con una amplitud de mira que sólo puede tomando conciencia de la globalidad de nuestro actuar, y en eso la educación ha de jugar un papel fundamental.
Cuando pensamos en la educación del futuro, inmediatamente se nos vienen a la cabeza los siete saberes que Morin nos plantea como grandes desafíos de la educación contemporánea. Este autor plantea lo antes dicho aclarando que la educación debe contribuir no sólo a tomar conciencia de nuestra Tierra-Patria, sino también permitir que esta conciencia se traduzca en la voluntad de hacer realidad la ciudadanía terrenal. (Morin, 2001, 23) No obstante para conseguir esto hay mucho camino por recorrer, y uno de los que ya se comienzan a trazar es el de la transdisciplinariedad.
Podemos entender la transdisciplinariedad de muchas formas, pero me agrada la idea que plantea Bonil al exponerla como un diálogo disciplinar, o sea como la forma de articular el conocimiento de las diferentes disciplinas en la aproximación, interpretación y acción sobre los fenómenos del mundo. El diálogo disciplinar permite dialogar entre los saberes disciplinares desde una visión que huye del reduccionismo y las relaciones jerárquicas entre disciplinas, donde cada disciplina reconoce sus límites al aproximarse a los fenómenos del mundo [y] permite integrar puntos de vista e interpretaciones de un mismo fenómeno desde la diversidad de dimensiones disciplinares posibilitando la construcción de los modelos conceptuales propios de cada disciplina y el establecimiento de relaciones entre ellos. (Torre, 2007, 209)
En Chile, en la actualidad, la educación está sufriendo una reforma, que más que responder a los desafíos actuales, responde a los intereses políticos de quienes hoy en día están en el gobierno. La actual reforma que se discute en el congreso además de modificar drásticamente el estatuto docente, entregando más "autonomía" a los sostenedores, privando de seguridad laboral a los docentes, también quiso plantear la disminución o supresión de asignaturas, para entregar mayor cantidad de horas a la dedicación de otras, de facto es la disminución de horas de Historia y Tecnología (que en algunos establecimientos educacionales podría implicar la desaparición de está última asignatura) para entregar mayor dedicación a los ramos de Lenguaje y Matemáticas. ¿Qué parte del desafío transdisciplinar no estamos entendiendo?
Como plantean Josep Bonil y Genina Calafell las disciplinas constituyen un patrimonio fundamental de la cultura. Son una forma de entender e intervenir sobre el mundo […] se puede decir que la aplicación del conocimiento disciplinar, si bien ha generado conflictos, también ha significado el avance hacia mejores condiciones de vida, cambios en las formas de organización social y generaciones continuas de ideas, reproduciendo las características de las acciones humanas sobre el mundo. (en Torre, 2007, 208)
Pese a ello, la educación chilena estuvo a punto de sufrir, no sólo una compleja reforma absolutamente antitransdisciplinar, sino además una grave limitación de su patrimonio cultural que hubiese traducido en que los estudiantes chilenos tendrían una visión parcializada de su propio mundo, pues la diversidad de dimensiones que se abren al conocer de Historia al saber de Tecnología, se hubiese visto truncada. Esto no sólo hubiese producido una fragmentación de las formas de entender la contemporaneidad sino, además, habría hecho más complejo y difícil la generación de un diálogo disciplinar pleno, que nos lleve a comprender nuestro mundo en su complejidad.
Gran debate a produjo esta medida, sobre todo entre docentes que plantean cuestiones, como: “nuestros alumnos sabrán más y mejor las palabras, pero no sabrán que decir”, “nuestras alumnas podrán contar y ejecutar operaciones matemáticas mejor, más eficientemente, pero sin cuestionarse el para qué lo hacen”.
La idea de querer decir más y mejor es loable, más si no podremos unir nuestras palabras a cosas como nuestra propia historia, nuestra cultura, nuestra identidad, entonces el discurso será simple retórica, serán palabras sin mayor importancia. Mafalda nos lo explicita claramente en el dibujo.

Si queremos ejecutar cálculos de manera eficiente, ignorando toda la historia y formación de la lógica que aplicamos al realizarlos, entonces nuestra visión estará limitada.
Pienso que, de aplicarse está reforma, nuestros futuros estudiantes, y por ende futuros profesionales, vecinos y ciudadanos, podrían haber tenido un buen discurso, pero no la conciencia del mismo, así como Susanita:

Ya en 1986 Miguel Fernández da cuenta, en su libro sobre la evaluación y el fracaso escolar, de algo que el sistema educativo sigue obviando y que este autor plantea en su dedicatoria: A cuantos se esfuerzan por cambiar la educación que ellos recibieron , al haber constatado el fracaso escolar universal en una evaluación muy sencilla: los “mejores educados” del planeta, las minorías que deciden, no fueron eficazmente ayudadas por sus respectivos sistemas “educativos” a adquirir el mínimo de imaginación, bondad y lógica, necesario para eliminar solidariamente las armas y el hambre (Fernández, 1986, 7) y yo agrego, para ayudar a modificar la injusticia social, la mala distribución de los recursos, el individualismo, el miedo, la poca conciencia ambiental y el egoísmo característico de nuestra época. Pero esto no se modificará mientras centremos nuestros esfuerzos en educar profesionales sin conciencia social, que no piensan en los demás, que sólo apelan a sus logros personales fundados en metas económicas, que saben sacar cálculos pero no utilizan ese saber para distribuir mejor y más justamente los recursos, que creen que lo más importante es el beneficio, que conocen muchas palabras pero han olvidado el significado de palabras como bondad o solidaridad, mientras no cambiemos esa idea de educación que limita ciertas disciplinas jerarquizándolas y sesgando la visión del mundo, seguirá ocurriendo lo que Miguel Fernández nos decía, o sea existirá un fracaso escolar universal, que no trata de un puntaje no alcanzado o una nota no lograda, sino de una humanidad incompleta.
Hoy vivimos en un mundo donde los medios de transporte y comunicación, y la tecnología en general, elimina barreras, acerca y democratiza, el acceso a la información y nos pone en evidencia las interrelaciones y la interdependencia de los fenómenos sociales, ambientales, económicos, políticos, etc. Por ello, cada uno de los ciudadanos que formamos parte de este mundo globalizado, tenemos que tener criterios para valorar, entre tantos datos y conocimientos, lo que nos parece importante y relevante para nuestro desarrollo como personas, pero también como colectividad, pues la mundialización no solo se refleja en los valores económicos […] sino en los nuevos valores sociales, humanos, educativos, transpersonales y trascendentes que están aflorando en los variados contextos de la actividad humana. (Torre, 2007, 9)
¿Qué es lo que tiene relevancia de lo todo aquello a lo que hoy tenemos acceso? ¿Qué es lo que de verdad importa de todo lo que hoy podemos aprender en los diferentes medios que unen el mundo? Me atrevo a decir, que no existe lo importante, ni lo relevante, y que cada uno de nosotros, como seres alfabetizados y educados deberíamos tener la capacidad de decidir en libertad lo que realmente nos quedará de todo aquello a lo que diariamente podemos acceder. No obstante, ese criterio, que parece personal, también es un factor que, como todo en la actualidad, afecta a muchos otros, o sea, está interconectado con la sociedad en que me desenvuelvo, e incluso con el mundo en que vivo. Por ello las decisiones que tomamos deben abarcarse con una amplitud de mira que sólo puede tomando conciencia de la globalidad de nuestro actuar, y en eso la educación ha de jugar un papel fundamental.
Cuando pensamos en la educación del futuro, inmediatamente se nos vienen a la cabeza los siete saberes que Morin nos plantea como grandes desafíos de la educación contemporánea. Este autor plantea lo antes dicho aclarando que la educación debe contribuir no sólo a tomar conciencia de nuestra Tierra-Patria, sino también permitir que esta conciencia se traduzca en la voluntad de hacer realidad la ciudadanía terrenal. (Morin, 2001, 23) No obstante para conseguir esto hay mucho camino por recorrer, y uno de los que ya se comienzan a trazar es el de la transdisciplinariedad.
Podemos entender la transdisciplinariedad de muchas formas, pero me agrada la idea que plantea Bonil al exponerla como un diálogo disciplinar, o sea como la forma de articular el conocimiento de las diferentes disciplinas en la aproximación, interpretación y acción sobre los fenómenos del mundo. El diálogo disciplinar permite dialogar entre los saberes disciplinares desde una visión que huye del reduccionismo y las relaciones jerárquicas entre disciplinas, donde cada disciplina reconoce sus límites al aproximarse a los fenómenos del mundo [y] permite integrar puntos de vista e interpretaciones de un mismo fenómeno desde la diversidad de dimensiones disciplinares posibilitando la construcción de los modelos conceptuales propios de cada disciplina y el establecimiento de relaciones entre ellos. (Torre, 2007, 209)
En Chile, en la actualidad, la educación está sufriendo una reforma, que más que responder a los desafíos actuales, responde a los intereses políticos de quienes hoy en día están en el gobierno. La actual reforma que se discute en el congreso además de modificar drásticamente el estatuto docente, entregando más "autonomía" a los sostenedores, privando de seguridad laboral a los docentes, también quiso plantear la disminución o supresión de asignaturas, para entregar mayor cantidad de horas a la dedicación de otras, de facto es la disminución de horas de Historia y Tecnología (que en algunos establecimientos educacionales podría implicar la desaparición de está última asignatura) para entregar mayor dedicación a los ramos de Lenguaje y Matemáticas. ¿Qué parte del desafío transdisciplinar no estamos entendiendo?
Como plantean Josep Bonil y Genina Calafell las disciplinas constituyen un patrimonio fundamental de la cultura. Son una forma de entender e intervenir sobre el mundo […] se puede decir que la aplicación del conocimiento disciplinar, si bien ha generado conflictos, también ha significado el avance hacia mejores condiciones de vida, cambios en las formas de organización social y generaciones continuas de ideas, reproduciendo las características de las acciones humanas sobre el mundo. (en Torre, 2007, 208)
Pese a ello, la educación chilena estuvo a punto de sufrir, no sólo una compleja reforma absolutamente antitransdisciplinar, sino además una grave limitación de su patrimonio cultural que hubiese traducido en que los estudiantes chilenos tendrían una visión parcializada de su propio mundo, pues la diversidad de dimensiones que se abren al conocer de Historia al saber de Tecnología, se hubiese visto truncada. Esto no sólo hubiese producido una fragmentación de las formas de entender la contemporaneidad sino, además, habría hecho más complejo y difícil la generación de un diálogo disciplinar pleno, que nos lleve a comprender nuestro mundo en su complejidad.
Gran debate a produjo esta medida, sobre todo entre docentes que plantean cuestiones, como: “nuestros alumnos sabrán más y mejor las palabras, pero no sabrán que decir”, “nuestras alumnas podrán contar y ejecutar operaciones matemáticas mejor, más eficientemente, pero sin cuestionarse el para qué lo hacen”.
La idea de querer decir más y mejor es loable, más si no podremos unir nuestras palabras a cosas como nuestra propia historia, nuestra cultura, nuestra identidad, entonces el discurso será simple retórica, serán palabras sin mayor importancia. Mafalda nos lo explicita claramente en el dibujo.

Si queremos ejecutar cálculos de manera eficiente, ignorando toda la historia y formación de la lógica que aplicamos al realizarlos, entonces nuestra visión estará limitada.
Pienso que, de aplicarse está reforma, nuestros futuros estudiantes, y por ende futuros profesionales, vecinos y ciudadanos, podrían haber tenido un buen discurso, pero no la conciencia del mismo, así como Susanita:

Ya en 1986 Miguel Fernández da cuenta, en su libro sobre la evaluación y el fracaso escolar, de algo que el sistema educativo sigue obviando y que este autor plantea en su dedicatoria: A cuantos se esfuerzan por cambiar la educación que ellos recibieron , al haber constatado el fracaso escolar universal en una evaluación muy sencilla: los “mejores educados” del planeta, las minorías que deciden, no fueron eficazmente ayudadas por sus respectivos sistemas “educativos” a adquirir el mínimo de imaginación, bondad y lógica, necesario para eliminar solidariamente las armas y el hambre (Fernández, 1986, 7) y yo agrego, para ayudar a modificar la injusticia social, la mala distribución de los recursos, el individualismo, el miedo, la poca conciencia ambiental y el egoísmo característico de nuestra época. Pero esto no se modificará mientras centremos nuestros esfuerzos en educar profesionales sin conciencia social, que no piensan en los demás, que sólo apelan a sus logros personales fundados en metas económicas, que saben sacar cálculos pero no utilizan ese saber para distribuir mejor y más justamente los recursos, que creen que lo más importante es el beneficio, que conocen muchas palabras pero han olvidado el significado de palabras como bondad o solidaridad, mientras no cambiemos esa idea de educación que limita ciertas disciplinas jerarquizándolas y sesgando la visión del mundo, seguirá ocurriendo lo que Miguel Fernández nos decía, o sea existirá un fracaso escolar universal, que no trata de un puntaje no alcanzado o una nota no lograda, sino de una humanidad incompleta.
jueves, 12 de agosto de 2010
Carta de agradecimiento al Señor Themistocles Lobos
Pienso que tan importante como reconocer los errores o problemas del mundo, pensarlos, analizarlos, criticarlos y cambiarlos, es reconocer las cosas buenas que se nos presentan y valorarlas, disfrutarlas, analizarlas y agradecerlas, hoy quiero agradecer a un gran ilustrador chileno, a alguien que en las épocas de tiniebla mantuvo alegría y luz para que los niños y niñas soñaran.
SEÑOR THEMO LOBOS; GRACIAS POR OGU, MAMPATO Y TODOS LOS AMIGOS DE CUCALÓN.
Cuando era pequeña y en el colegio sólo me obligaban a transcribir la lección del libro, cuando repetíamos como loros la lectura que hacía el profesor, cuando nadie respondía nuestras preguntas y preguntar era mirado como un signo de rebeldía o estupides. Cuando no había motivación por el conocimiento, apareció un niño viajando por el tiempo, conociendo amigos en el futuro y en el pasado, participando en la mesa redonda del Rey Arturo, viajando en una alfombra mágica en la antigua arabia, viviendo los antiguos ritos de Isla de Pascua, pisando América quinientos años antes que Colón en compañía de Leif Ericson, recorriendo el Olimpo, resolviendo afrentas con los tres mosqueteros o ¡atravesando la cordillera con el Ejercito Libertador!.
El gran Themo nos hizo soñar con la Historia, nos hizo soñar con lo desconocido. Quién no soñó tener un Cinto Espacio-Temporal!
Quizás nunca tenga la fama de Quino o Fontarrosa, pero su labor fue tan importante, bella y entretenida como la de ellos. Pues sus dibujos y críticas eran tan agudas como las de Mafalda, y sus personajes tan raros y entretenidos como un Mendieta.
Además de historia y sueños, otras secciones como "Etimología" donde nos explicaba de donde nacen las palabras, que siempre finalizaba con un esperado y agudo "hay personas de pocas luces y gran ignoracia" o "hay personas de pocas luces y mal informadas", eran la base para comprender el mundo de una manera entretenida y ecoformativa que aún las didácticas escolares no logran equiparar.
Admito, que mi gran atracción por la Historia nace de las muchas lecturas que de "Cucalón" hice en mi infancia, en mi adolecencia y en la actualidad.
Así que gracias señor Themistocles Lobos por enseñarme otro mundo.
A quienes no le conocen AQUÍ hay un link a una página que hace una recopilación de la revista y los personajes.
Ahora soy profesora de Historia, y sueño que cada clase sea como un breve paseo con el Cinto Espacio-Temporal.
Gracias Themo por todo.
SEÑOR THEMO LOBOS; GRACIAS POR OGU, MAMPATO Y TODOS LOS AMIGOS DE CUCALÓN.
Cuando era pequeña y en el colegio sólo me obligaban a transcribir la lección del libro, cuando repetíamos como loros la lectura que hacía el profesor, cuando nadie respondía nuestras preguntas y preguntar era mirado como un signo de rebeldía o estupides. Cuando no había motivación por el conocimiento, apareció un niño viajando por el tiempo, conociendo amigos en el futuro y en el pasado, participando en la mesa redonda del Rey Arturo, viajando en una alfombra mágica en la antigua arabia, viviendo los antiguos ritos de Isla de Pascua, pisando América quinientos años antes que Colón en compañía de Leif Ericson, recorriendo el Olimpo, resolviendo afrentas con los tres mosqueteros o ¡atravesando la cordillera con el Ejercito Libertador!.
El gran Themo nos hizo soñar con la Historia, nos hizo soñar con lo desconocido. Quién no soñó tener un Cinto Espacio-Temporal!
Quizás nunca tenga la fama de Quino o Fontarrosa, pero su labor fue tan importante, bella y entretenida como la de ellos. Pues sus dibujos y críticas eran tan agudas como las de Mafalda, y sus personajes tan raros y entretenidos como un Mendieta.
Además de historia y sueños, otras secciones como "Etimología" donde nos explicaba de donde nacen las palabras, que siempre finalizaba con un esperado y agudo "hay personas de pocas luces y gran ignoracia" o "hay personas de pocas luces y mal informadas", eran la base para comprender el mundo de una manera entretenida y ecoformativa que aún las didácticas escolares no logran equiparar.
Admito, que mi gran atracción por la Historia nace de las muchas lecturas que de "Cucalón" hice en mi infancia, en mi adolecencia y en la actualidad.
Así que gracias señor Themistocles Lobos por enseñarme otro mundo.
A quienes no le conocen AQUÍ hay un link a una página que hace una recopilación de la revista y los personajes.
Ahora soy profesora de Historia, y sueño que cada clase sea como un breve paseo con el Cinto Espacio-Temporal.
Gracias Themo por todo.
miércoles, 4 de agosto de 2010
Carta abierta a las similitudes de Chile y Bielorrusia:
Varios amigos europeos, sobre todo alemanes, que han viajado a muchos lados del mundo y también a Chile me ha dicho al llegar a nuestro país: “se parece muchísimo a Europa del Este”.
Esa acotación me parecía bastante pintoresca e interesante por lo que les pedía que se explayaran, quería saber las razones. Solían nombrar las casas, me decían que al entrar o salir de Santiago se veían casas y edificios similares a los que pueden verse a países del este europeo. Extraño, Chile, según la mayoría de mis amigos que habían estado o recorrido la parte oriental del viejo continente y que visitaban Chile, decían que la gente parecía vivir igual que en un antiguo país comunista del este europeo.
Averiguando sobre eso, descubrí que la mayoría de las cosas, construcciones y lugares chilenos que ellos indicaban como similares al este europeo, se habían levantado durante la época de la dictadura militar.
Bromeábamos un día: “!no dijeron estos militares que querían salvarnos del comunismo!”
Ahora, en mis cursos de idiomas he conocido muchísima gente de diferentes lugares del mundo, muchos latinos, algunos italianos, algunos ingleses y unos pocos asiáticos. En el último curso conocí una chica de Bielorrusia.
Siempre en estos cursos, se comienza con una presentación, con pequeñas explicaciones del lugar de donde se viene y del porqué estamos donde estamos en ese instante, después, durante el curso, se habla mucho de las diferencias culturales y eso sirve para la comprensión oral del idioma que se está aprendiendo pero también para conocer algo más de la cultura de la gente con que se comparte. Esta chica Bielorrusia, nos contaba de las forma de organización, de las políticas educativas, de los programas de televisión y de las costumbres del país durante su infancia, o sea en los años 80 y 90, y a cada palabra me sorprendía como todo aquello era tan similar a las políticas educativas, a la organización, a lo que presentaba la televisión y otras tantas cosas del Chile de mi infancia, o sea en los años 80. Un día intervine sorprendida, “me parece increíble que países que supuestamente tenían políticas absolutamente opuestas sean tan similares en tantas cosas”.
Después recordé lo que hablaban mis amigos alemanes y pensaba.
Quizás no sólo las casas que se construyeron en la dictadura eran similares a las del mundo comunista europeo, sino también lo que pasaba dentro y fuera era bastante parecido, aunque se supone debía ser todo lo contrario.
Creo que eso podría interpretarse de muchas maneras, creo que con esto se podría decir muchas cosas, creo que, según como se mire, esto puede explicar montón de cosas, creo que tengo que profundizar más en esto.
Aún me falta ir y ver lo que hay en ese mundo, para ver si sigue siendo similar a los que hay en nuestra angosta y alejada parte del mundo. Así que dejo abierta la interrogante y si alguien conoce más de ambos mundos, grato sería conocer su opinión.
Ahora, para terminar, me pregunto que pensarían aquellos que defienden la dictadura por que nos salvó del “terrible comunismo” si supieran que durante ese periodo de nuestra historia vivíamos de manera tan similar al periodo comunista vivido por los países orientales del continente europeo, supongo que tendrían que repensar ese argumento.
Esa acotación me parecía bastante pintoresca e interesante por lo que les pedía que se explayaran, quería saber las razones. Solían nombrar las casas, me decían que al entrar o salir de Santiago se veían casas y edificios similares a los que pueden verse a países del este europeo. Extraño, Chile, según la mayoría de mis amigos que habían estado o recorrido la parte oriental del viejo continente y que visitaban Chile, decían que la gente parecía vivir igual que en un antiguo país comunista del este europeo.
Averiguando sobre eso, descubrí que la mayoría de las cosas, construcciones y lugares chilenos que ellos indicaban como similares al este europeo, se habían levantado durante la época de la dictadura militar.
Bromeábamos un día: “!no dijeron estos militares que querían salvarnos del comunismo!”
Ahora, en mis cursos de idiomas he conocido muchísima gente de diferentes lugares del mundo, muchos latinos, algunos italianos, algunos ingleses y unos pocos asiáticos. En el último curso conocí una chica de Bielorrusia.
Siempre en estos cursos, se comienza con una presentación, con pequeñas explicaciones del lugar de donde se viene y del porqué estamos donde estamos en ese instante, después, durante el curso, se habla mucho de las diferencias culturales y eso sirve para la comprensión oral del idioma que se está aprendiendo pero también para conocer algo más de la cultura de la gente con que se comparte. Esta chica Bielorrusia, nos contaba de las forma de organización, de las políticas educativas, de los programas de televisión y de las costumbres del país durante su infancia, o sea en los años 80 y 90, y a cada palabra me sorprendía como todo aquello era tan similar a las políticas educativas, a la organización, a lo que presentaba la televisión y otras tantas cosas del Chile de mi infancia, o sea en los años 80. Un día intervine sorprendida, “me parece increíble que países que supuestamente tenían políticas absolutamente opuestas sean tan similares en tantas cosas”.
Después recordé lo que hablaban mis amigos alemanes y pensaba.
Quizás no sólo las casas que se construyeron en la dictadura eran similares a las del mundo comunista europeo, sino también lo que pasaba dentro y fuera era bastante parecido, aunque se supone debía ser todo lo contrario.
Creo que eso podría interpretarse de muchas maneras, creo que con esto se podría decir muchas cosas, creo que, según como se mire, esto puede explicar montón de cosas, creo que tengo que profundizar más en esto.
Aún me falta ir y ver lo que hay en ese mundo, para ver si sigue siendo similar a los que hay en nuestra angosta y alejada parte del mundo. Así que dejo abierta la interrogante y si alguien conoce más de ambos mundos, grato sería conocer su opinión.
Ahora, para terminar, me pregunto que pensarían aquellos que defienden la dictadura por que nos salvó del “terrible comunismo” si supieran que durante ese periodo de nuestra historia vivíamos de manera tan similar al periodo comunista vivido por los países orientales del continente europeo, supongo que tendrían que repensar ese argumento.
domingo, 13 de junio de 2010
Carta abierta a Santiago
Una vez hice a mis alumnas escribir microcentos sobre Santiago, la idea era personificar la ciudad, describirla como un Santiago y la relación que cada una tenía con ese Santiago, no conservo esos cuentos, pero recuerdo ideas, ahora memoro uno de la Señorita Gabriela Barros, que decía algo sobre un Santiago que cada mañana calentaba las espaldas de los que bajaban a sus altos trabajos, y que golpeaba en los madrugadores ojos a quienes subían a sus bajos trabajos. Era un Santiago ingrato.
Otros hablaban del Santiago agobiado, el Santiago con asma, el Santiago incansable, el Santiago pueril que se cree un adulto. No envíamos esos cuentos al Santiago en 100 palabras, hicimos nuestro propio concurso y como siempre, las alumnas ganadoras se llevaron libros que yo aprovechaba de comprar en mis viajes a Buenos Aires, porque la cultura en Santiago, muy en contra de su voluntad, tampoco era accesible para todos.
Hoy, revisando la prensa internacional, cosa que no hago, pero mi otra mitad si, me decía que en un conocido diario alemán aparecía la noticia de que Santiago es la capital con mayor nivel de depresión a nivel mundial. Véase aquí.
¿Porqué estás triste Santiago?
¿Porqué transitamos tristemente por tus calles?
Ayer, caminando por las calles primaverales de Barcelona pensaba ¿dónde está la primavera? Recordaba (haciendo la superflua y poco objetiva comparación idealista de quién se siente lejos de una casa que cuando vivía en ella no consideraba suya) que cuando transitaba en bicicleta por las calles de Santiago en mi barrio, muy transitado por autos y poco por personas (excepto por aquellas que iban al metro o a comprar algo, pero que jamás caminaban por caminar) en primavera olía de jazmines, de pastos regados, de almendro florecido. Acá la primavera es como un verano en que aún llueve de vez en cuando, sólo hacia las montañas puede sentirse el olor de las plantas, que si bien no son jazmines, huelen parecido y si bien no son almendros huelen parcidos y que se combina con el olor del pino y el bosque que se disgrega por los cerros. Santiago, en sus pequeños parques, tenía el olor de litre maduro y de las hojas de boldo al quebrarse. Pero ¿alguien lo notaba?
Algunas veces hablé de esto con amigos y hermanos caminando por esos parques, pedaleando por esas calles y para ellos era una sorpresa darse cuenta de la existencia de los olores que más podían asociar a la infancia en el campo que a la ciudad en que viven el día a día.
Ya, desde hace un tiempo, se sabe que en la capital de Chile las depresiones abundan, que la mayoría de las razones por la que la gente debe tomar licencias en su trabajo es por depresión, que los niveles de estrés son cada día mayores como si en Santiago jamás se dejara de trabajar y no se supiera para qué, ni por qué jamás se descansa. Pero, sólo ahora, nuestro malentendido "Santiasco" está siendo conocido internacionalmente por su estado depresivo.
¿Qué te pasa Santiago? ¿Es que tus deudas no te dejan dormir por la noche y por eso andas siempre cansado?
¿Qué te pasa Santiago? ¿Es que esas alarmas que se han transformado en tu constante banda sonora no te dejan descansar pues, aún cuando supones dormir las sientes, siempre, a cada instante alarmandote, que es su función?
¿Qué te pasa Santiago? Que aunque te traen maravillas gigantes e ilusiones internacionales, no pudes sonreir sin dejar un río de destrozos y desperdicios después?
¿Qué te pasa Santiago? ¿qué tus veredas se han estrechado y tus calles se han enanchado pero aun así te atascas, de atoras?
¿Qué te pasa Santiago? Es que vives en un valle rodeado de naturaleza que no puedes ver porque tu capa de Smog característica no te deja ver más allá de tus narices?
¿Qué te pasa Santiago? Qué la gente te teme tanto que no quiere caminar por tus calles, que no quiere pedalear por tus escasas ciclovías, ni quiere pasear al atardecer oliendo tus jardines recién regados.
¿Es eso lo que te apena? El miedo, la angustia, el ruido, la insatisfacción, la falta de oxígeno y de paz.
No te enojes conmigo Santiago, te quise a mi modo y te olí, te miré, me perdí en tus calles abandonadas en las tardes, limpias de ruido como el primer día del año a las 9 de la mañana. Busqué tu cordillera imponente y hermosa cada mañana al ir a mi trabajo pero tu me dabas con tu sol en mis ojos que aún no terminaban de despartar.
Otros hablaban del Santiago agobiado, el Santiago con asma, el Santiago incansable, el Santiago pueril que se cree un adulto. No envíamos esos cuentos al Santiago en 100 palabras, hicimos nuestro propio concurso y como siempre, las alumnas ganadoras se llevaron libros que yo aprovechaba de comprar en mis viajes a Buenos Aires, porque la cultura en Santiago, muy en contra de su voluntad, tampoco era accesible para todos.
Hoy, revisando la prensa internacional, cosa que no hago, pero mi otra mitad si, me decía que en un conocido diario alemán aparecía la noticia de que Santiago es la capital con mayor nivel de depresión a nivel mundial. Véase aquí.
¿Porqué estás triste Santiago?
¿Porqué transitamos tristemente por tus calles?
Ayer, caminando por las calles primaverales de Barcelona pensaba ¿dónde está la primavera? Recordaba (haciendo la superflua y poco objetiva comparación idealista de quién se siente lejos de una casa que cuando vivía en ella no consideraba suya) que cuando transitaba en bicicleta por las calles de Santiago en mi barrio, muy transitado por autos y poco por personas (excepto por aquellas que iban al metro o a comprar algo, pero que jamás caminaban por caminar) en primavera olía de jazmines, de pastos regados, de almendro florecido. Acá la primavera es como un verano en que aún llueve de vez en cuando, sólo hacia las montañas puede sentirse el olor de las plantas, que si bien no son jazmines, huelen parecido y si bien no son almendros huelen parcidos y que se combina con el olor del pino y el bosque que se disgrega por los cerros. Santiago, en sus pequeños parques, tenía el olor de litre maduro y de las hojas de boldo al quebrarse. Pero ¿alguien lo notaba?
Algunas veces hablé de esto con amigos y hermanos caminando por esos parques, pedaleando por esas calles y para ellos era una sorpresa darse cuenta de la existencia de los olores que más podían asociar a la infancia en el campo que a la ciudad en que viven el día a día.
Ya, desde hace un tiempo, se sabe que en la capital de Chile las depresiones abundan, que la mayoría de las razones por la que la gente debe tomar licencias en su trabajo es por depresión, que los niveles de estrés son cada día mayores como si en Santiago jamás se dejara de trabajar y no se supiera para qué, ni por qué jamás se descansa. Pero, sólo ahora, nuestro malentendido "Santiasco" está siendo conocido internacionalmente por su estado depresivo.
¿Qué te pasa Santiago? ¿Es que tus deudas no te dejan dormir por la noche y por eso andas siempre cansado?
¿Qué te pasa Santiago? ¿Es que esas alarmas que se han transformado en tu constante banda sonora no te dejan descansar pues, aún cuando supones dormir las sientes, siempre, a cada instante alarmandote, que es su función?
¿Qué te pasa Santiago? Que aunque te traen maravillas gigantes e ilusiones internacionales, no pudes sonreir sin dejar un río de destrozos y desperdicios después?
¿Qué te pasa Santiago? ¿qué tus veredas se han estrechado y tus calles se han enanchado pero aun así te atascas, de atoras?
¿Qué te pasa Santiago? Es que vives en un valle rodeado de naturaleza que no puedes ver porque tu capa de Smog característica no te deja ver más allá de tus narices?
¿Qué te pasa Santiago? Qué la gente te teme tanto que no quiere caminar por tus calles, que no quiere pedalear por tus escasas ciclovías, ni quiere pasear al atardecer oliendo tus jardines recién regados.
¿Es eso lo que te apena? El miedo, la angustia, el ruido, la insatisfacción, la falta de oxígeno y de paz.
No te enojes conmigo Santiago, te quise a mi modo y te olí, te miré, me perdí en tus calles abandonadas en las tardes, limpias de ruido como el primer día del año a las 9 de la mañana. Busqué tu cordillera imponente y hermosa cada mañana al ir a mi trabajo pero tu me dabas con tu sol en mis ojos que aún no terminaban de despartar.
miércoles, 9 de junio de 2010
Carta abierta a Karen Ebensperger (comentarista del Mercurio)
¿Usted y sus colegas quieren que les cuestionen todos sus diplomas?
Si tuviera un hijo y quisiera estudiar economía por nada dejaría que estudiaran en las universidades en que ustedes aprendieron lo que saben.
Por qué insistir en un análisis no sólo erróneo, sino que además falso y políticamente incorrecto.
Vuelvo a reiterar que la crisis económica actual no es consecuencia del estado de bienestar, lo que hoy se vive no es “El mal estado del estado de bienestar”, sino la perdida del sentido común en política impulsado por economías egoístas y avariciosas que sólo piensan en entregar beneficios a los grandes conglomerados económicos multinacionales, para “impulsar” la inversión en los países, haciendo retroceder, por ejemplo seguridades sociales, como las leyes de protección del empleo.
Lo que hoy produce la crisis es precisamente lo contrario a lo usted, señorita Karen Ebensperger dice en su columna donde plantea que el estado de bienestar es pervertido y problemático pues “los desproporcionados beneficios actúan como perversos incentivos para acogerse a la calidad de protegido del Estado, pretender una jubilación temprana y ser elegible para la ayuda social y sus pagos”.
!En qué mundo vive usted y su colega Axel Kaiser¡
!Quién les enseñó lo que saben y cómo se le da espacio y validez a esos argumentos poco serios y disparatados¡
Señorita Ebensperger, la economía actual no persigue el bien social, no tiene como objetivo final el bien común, la economía capitalista en la cual hoy nos desenvolvemos, querámoslo o no, tiene como fin último el enriquecimiento de unos pocos, así que cuando planteamos conceptos como “economía social” sólo desvirtuamos lo que realmente pasa, ¿a costa de qué? Eso, poco les importa, y al parecer a lo políticos actuales, tampoco.
Si para usted la dignidad humana, la educación para todos y de calidad, la vejez digna, la buena salud al servicio de la gente es algo desproporcionado y pervertido, entonces ya sabemos cuál es su definición para el concepto “social” con que hace acompañar su economía.
Por favor, dejen de subestimarnos o de verdad ¿quieren que les cuestionemos todos sus diplomas?
Atentamente
Si tuviera un hijo y quisiera estudiar economía por nada dejaría que estudiaran en las universidades en que ustedes aprendieron lo que saben.
Por qué insistir en un análisis no sólo erróneo, sino que además falso y políticamente incorrecto.
Vuelvo a reiterar que la crisis económica actual no es consecuencia del estado de bienestar, lo que hoy se vive no es “El mal estado del estado de bienestar”, sino la perdida del sentido común en política impulsado por economías egoístas y avariciosas que sólo piensan en entregar beneficios a los grandes conglomerados económicos multinacionales, para “impulsar” la inversión en los países, haciendo retroceder, por ejemplo seguridades sociales, como las leyes de protección del empleo.
Lo que hoy produce la crisis es precisamente lo contrario a lo usted, señorita Karen Ebensperger dice en su columna donde plantea que el estado de bienestar es pervertido y problemático pues “los desproporcionados beneficios actúan como perversos incentivos para acogerse a la calidad de protegido del Estado, pretender una jubilación temprana y ser elegible para la ayuda social y sus pagos”.
!En qué mundo vive usted y su colega Axel Kaiser¡
!Quién les enseñó lo que saben y cómo se le da espacio y validez a esos argumentos poco serios y disparatados¡
Señorita Ebensperger, la economía actual no persigue el bien social, no tiene como objetivo final el bien común, la economía capitalista en la cual hoy nos desenvolvemos, querámoslo o no, tiene como fin último el enriquecimiento de unos pocos, así que cuando planteamos conceptos como “economía social” sólo desvirtuamos lo que realmente pasa, ¿a costa de qué? Eso, poco les importa, y al parecer a lo políticos actuales, tampoco.
Si para usted la dignidad humana, la educación para todos y de calidad, la vejez digna, la buena salud al servicio de la gente es algo desproporcionado y pervertido, entonces ya sabemos cuál es su definición para el concepto “social” con que hace acompañar su economía.
Por favor, dejen de subestimarnos o de verdad ¿quieren que les cuestionemos todos sus diplomas?
Atentamente
domingo, 30 de mayo de 2010
Carta abierta a la Educación de Calidad en Chile
Hoy en día en Chile se discute constantemente por muchas cosas, una de ellas es la educación de calidad. El CEP ha invitado a la doctora Inger Enkvist, de la Universidad de Lund, Suecia, para hablarnos de las características de la educación escandinava que es la que logra los mejores resultados en las pruebas internacionales; y sus propuestas, junto con las del actual Ministerio de Educación sobre “crear colegio de excelencia tipo Instituto Nacional”, han provocado un abultado debate sobre la educación de calidad.
Hablamos de carrera docente, hablamos de colegios de excelencia, hablamos de calidad, pero nadie define a que nos referimos con “calidad”, creo que se da por hecho que “calidad” es “alto puntaje”. Alto puntaje en el SIMCE, alto puntaje en la PSU, alto puntaje en PISA, alto puntaje en TIMSS, pero que significan esos resultados. Como docente que alguna vez ha visto estos tipos de evaluación puedo decir, superficialmente, que unos miden conocimientos, como la PSU, otro destrezas y habilidades, como el SIMCE, otros buscan medir competencias como PISA y TIMSS, así que para que nuestra educación alcance los puntajes deseados tenemos que hacer que nuestros alumnos y alumnas aprehendan muchos conocimientos, manejen destrezas y habilidades de forma impecable, sean competentes al máximo. Puedo exponer aquí miles de razones de por qué la educación en nuestro país está a años luz de trasvasar a nuestros estudiantes todas esas cosas, y van desde los 90 minutos distribuidos en 45 estudiantes, hasta los 15 minutos de hora cronológica, por cada hora pedagógica en aula, que se designan para planificar clases, confeccionar material, idear actividades, revisar evaluaciones, reflexionar sobre la clase, sobre las actividades, sobre las evaluaciones, atender apoderados, reuniones de departamento del ramo, reuniones institucionales, reuniones de apoderado, trabajo y atención individual, recreo, orientación, etc. Una vez leí las ilustrativas palabras de una profesora de arte que decía: pónganle a un buen médico 45 enfermos que debe atender en 90 minutos, considere que algunos de ellos ni siquiera quieren ser atendidos, y después venga a hablarme a mí de educación de calidad.
Pienso que tiene mucho de razón esa docente, pero no profundizaré en eso en esta oportunidad, ahora quiero hablarle a usted Educación de Calidad, y plantearle, ¿Cuál es la calidad que queremos?
Leía opiniones de muchas personas en las cartas del periódico nacional El Mercurio, donde algunos ciudadanos exponen sus ideas, (me agrada ver como las personas se expresan, debaten, discuten, siempre que sea en forma respetuosa) y entre las muchas cosas que decían, alababan la selección y separación de los alumnos y alumnas más destacados en mejores instituciones educativas, pues lo merecían. Pero mi pregunta es ¿Sólo ellos merecen buena educación?
Hace varias décadas en una universidad inglesa, en la cuál se practicaba la selección en cursos A donde iban los mejores y B donde quedaba el resto, se hizo el “experimento” de dar vuelta la torta, poner a los “malos” en el curso A de los excelentes y a los “buenos” en B, esto sin informar a profesores ni a alumnos, el resultado es que el curso A fue tan bueno como todos los seleccionados en años anteriores, o sea, esa selección creaba expectativas que se cumplían, los buenos serían buenos y los demás, del montón.
Las expectativas que se generan los estudiantes, que se hacen los profesores, que manifiestan los padres y apoderados sobre sus hijos y pupilos, que se crea la sociedad son parte importante de los logros que todos juntos alcanzan, por eso tenemos que tener claro que queremos como sociedad, que queremos como docentes, que quieren nuestros alumnos y alumnas, ¿Alguien les ha preguntado?
Me desvío de mi objetivo, la señora “Educación de Calidad”, porque hay tanto que decir sobre educación. Pero intentaré resumir lo que quería decirle desde un principio, sólo entendiendo y concensuando lo que queremos como “calidad” podremos obtenerla.
Hablando tanto de estudiantes como de profesores podemos decir; algunos entran a la sala por cumplir, algunos entran a la sala para resolver fórmulas, algunos entran a la sala para aprehender y enseñar, algunos entran a la sala para repetir datos, algunos entran a la sala para salir siendo un poquito mejores, algunos entran a la sala para salir pronto, algunos entran a la sala por que “es lo que hay”, algunos entran a la sala para compartir, hay tantas razones, ¿cuál de ellas es mejor que la otra, cuál garantiza la calidad educativa que necesitamos? ¿Cuál garantiza el mejor resultado en la PSU, en el SIMCE, en PISA, en TIMSS? No lo sé, pero recuerdo ahora las palabras del profesor Miguel Ángel Santos Guerra “la obsesión por los resultados, la competitividad entre los alumnos, la presión de la sociedad sobre los centros educativos en busca de la eficacia, etc. pueden alejar a los profesionales de la preocupación por cuestiones con más calado”, cosas de mayor calado como las que diariamente se tratan en la educación por que recordemos con palabras del mismo autor “educar es preparar para la vida…[por eso]… no se trata de llenar la cabeza de conocimientos, sino el corazón de motivos.”
Hablamos de carrera docente, hablamos de colegios de excelencia, hablamos de calidad, pero nadie define a que nos referimos con “calidad”, creo que se da por hecho que “calidad” es “alto puntaje”. Alto puntaje en el SIMCE, alto puntaje en la PSU, alto puntaje en PISA, alto puntaje en TIMSS, pero que significan esos resultados. Como docente que alguna vez ha visto estos tipos de evaluación puedo decir, superficialmente, que unos miden conocimientos, como la PSU, otro destrezas y habilidades, como el SIMCE, otros buscan medir competencias como PISA y TIMSS, así que para que nuestra educación alcance los puntajes deseados tenemos que hacer que nuestros alumnos y alumnas aprehendan muchos conocimientos, manejen destrezas y habilidades de forma impecable, sean competentes al máximo. Puedo exponer aquí miles de razones de por qué la educación en nuestro país está a años luz de trasvasar a nuestros estudiantes todas esas cosas, y van desde los 90 minutos distribuidos en 45 estudiantes, hasta los 15 minutos de hora cronológica, por cada hora pedagógica en aula, que se designan para planificar clases, confeccionar material, idear actividades, revisar evaluaciones, reflexionar sobre la clase, sobre las actividades, sobre las evaluaciones, atender apoderados, reuniones de departamento del ramo, reuniones institucionales, reuniones de apoderado, trabajo y atención individual, recreo, orientación, etc. Una vez leí las ilustrativas palabras de una profesora de arte que decía: pónganle a un buen médico 45 enfermos que debe atender en 90 minutos, considere que algunos de ellos ni siquiera quieren ser atendidos, y después venga a hablarme a mí de educación de calidad.
Pienso que tiene mucho de razón esa docente, pero no profundizaré en eso en esta oportunidad, ahora quiero hablarle a usted Educación de Calidad, y plantearle, ¿Cuál es la calidad que queremos?
Leía opiniones de muchas personas en las cartas del periódico nacional El Mercurio, donde algunos ciudadanos exponen sus ideas, (me agrada ver como las personas se expresan, debaten, discuten, siempre que sea en forma respetuosa) y entre las muchas cosas que decían, alababan la selección y separación de los alumnos y alumnas más destacados en mejores instituciones educativas, pues lo merecían. Pero mi pregunta es ¿Sólo ellos merecen buena educación?
Hace varias décadas en una universidad inglesa, en la cuál se practicaba la selección en cursos A donde iban los mejores y B donde quedaba el resto, se hizo el “experimento” de dar vuelta la torta, poner a los “malos” en el curso A de los excelentes y a los “buenos” en B, esto sin informar a profesores ni a alumnos, el resultado es que el curso A fue tan bueno como todos los seleccionados en años anteriores, o sea, esa selección creaba expectativas que se cumplían, los buenos serían buenos y los demás, del montón.
Las expectativas que se generan los estudiantes, que se hacen los profesores, que manifiestan los padres y apoderados sobre sus hijos y pupilos, que se crea la sociedad son parte importante de los logros que todos juntos alcanzan, por eso tenemos que tener claro que queremos como sociedad, que queremos como docentes, que quieren nuestros alumnos y alumnas, ¿Alguien les ha preguntado?
Me desvío de mi objetivo, la señora “Educación de Calidad”, porque hay tanto que decir sobre educación. Pero intentaré resumir lo que quería decirle desde un principio, sólo entendiendo y concensuando lo que queremos como “calidad” podremos obtenerla.
Hablando tanto de estudiantes como de profesores podemos decir; algunos entran a la sala por cumplir, algunos entran a la sala para resolver fórmulas, algunos entran a la sala para aprehender y enseñar, algunos entran a la sala para repetir datos, algunos entran a la sala para salir siendo un poquito mejores, algunos entran a la sala para salir pronto, algunos entran a la sala por que “es lo que hay”, algunos entran a la sala para compartir, hay tantas razones, ¿cuál de ellas es mejor que la otra, cuál garantiza la calidad educativa que necesitamos? ¿Cuál garantiza el mejor resultado en la PSU, en el SIMCE, en PISA, en TIMSS? No lo sé, pero recuerdo ahora las palabras del profesor Miguel Ángel Santos Guerra “la obsesión por los resultados, la competitividad entre los alumnos, la presión de la sociedad sobre los centros educativos en busca de la eficacia, etc. pueden alejar a los profesionales de la preocupación por cuestiones con más calado”, cosas de mayor calado como las que diariamente se tratan en la educación por que recordemos con palabras del mismo autor “educar es preparar para la vida…[por eso]… no se trata de llenar la cabeza de conocimientos, sino el corazón de motivos.”
jueves, 20 de mayo de 2010
Carta al neoliberalismo universitario
“Pocas cosas terrenales son más perdurables que la Universidad” varias veces he leído ese poema de John Masefield que nos habla de esa, hoy, utopía universitaria sobre la curiosidad y el amor al conocimiento de los espíritus inquietos y críticos que forman parte del mundo universitario.
De que los hay, los hay, claro que si. Aún encontramos entre todos los docentes, estudiantes y administrativos, quienes se enorgullecen de estar en la universidad por considerarla un núcleo privilegiado que, dentro de la cambiante sociedad, tiene una voz y un papel importante, por considerarla un lugar de acción y creación, por considerarla la base de la sociedad.
No obstante, desde el arribo del señor neoliberalismo económico a la sociedad occidental contemporánea, las cosas han cambiado sustantivamente y la universidad no se ha quedado al margen en eso.
Si miramos hacia atrás en la historia encontraremos que los cambios contextuales que ha tenido que vivir la universidad, han ido modificando poco a poco sus estructuras en muchos aspectos; la integración de la mujer, la aparición de nuevos departamentos y de estudios de nuevas ciencias, la tecnología usada tanto para la investigación como para la docencia en aula, entre otras muchas otras cosas, son factores que modifican algunas estructuras de lo que era la universidad en un principio, pero su esencia, la de ser, por excelencia, el lugar donde se genera el conocimiento, se había mantenido hasta el día de hoy.
Si, hasta el día de hoy, la universidad había sido el lugar donde lo importante era la formación del conocimiento, la duda respecto al mundo que le rodea, la construcción de ese mundo. En la universidad nacieron grandes movilizaciones que movieron los cimientos del pensamiento humano y de su sociedad, ya sean revoluciones cognitivas; existencialismo o la aparición de paradigmas como el cualitativo, o ya sean revoluciones sociales, como la de Mayo del 68. En la universidad se educaba basándose en esa constante actualización del conocimiento que las generaciones posteriores habrían de cuestionar y por ende continuarían generando conocimiento. Eso era lo que esperábamos muchos de nosotros que fuera la universidad al ingresar a ella, no obstante nos encontramos con una gran sorpresa, la universidad no era eso, ni mucho menos, sino parte del mercado.
Es verdad que las universidades de diversas partes del mundo tienen diferencias sustanciales en muchos aspectos, no obstante de todas ellas se esperaba que fuesen el centro de la generación del conocimiento, del análisis, de la crítica y de la construcción de los nuevos paradigmas, los nuevos métodos, los nuevos conocimientos y las nuevas dudas, la formación de las generaciones de la sociedad futura, más todos los centros universitarios están poco a poco entrando en un proceso en que las sociedades contemporáneas occidentales comenzaron a vivir ya hace un tiempo, pero concientemente desde la segunda mitad del siglo pasado, la neoliberalización.
El juego de la libertad de mercado, que en un comienzo, basándose en la doctrina de Adam Smith hacía referencia al intercambio de riquezas a través del mercantilismo y a la acumulación de las mismas a través del proteccionismo y que hoy a capitalizado ya no sólo los bienes materiales e inmateriales, sino también los servicios, tanto públicos como privados, ha alcanzado a la universidad, ha envuelto sus razones y ha condicionado sus propósitos.
Vemos hoy en día que los altos costos arancelarios de las carreras universitarias son una forma de coartar el derecho a la educación, que durante mucho tiempo, y sobre todo en la época del “estado de bienestar” era considerado como una necesidad básica que el estado debía garantizar a sus ciudadanos, así como la salud. No obstante, esa necesidad, no siempre ha sido un derecho de todos, por lo contrario, desde sus inicios europeos en la edad medieval, fue un campo limitado a quienes pudieran pagarlo, no obstante eso se fue modificando hasta que la universidad fue abriendo sus puertas y con ello masificó la educación y el acceso a carreras profesionales, de esto podríamos decir mucho pero no es lo que ahora queremos abordar, lo que aquí intentamos analizar es como esa masificación fue aprovechada por la introducción de la economía de mercado a la universidad transformándose en una forma de gestionarla, o sea, hoy el modo en que se dirige la universidad responde cada vez más a la forma en que se tratan los bienes de consumo, más que como un lugar de construcción y cambio social, cultural, político y global. Hoy la universidad se está transformando en un bien de consumo y el conocimiento en un capital.
Como se dijo al principio, este cambio contextual, ha modificado la esencia, ha modificado el “porqué” de la universidad, ha reformado el ideal universitario, deformando, paulatinamente, está histórica institución hacia un espacio, o un lugar donde cumplir con el trámite que permite, a quien cumple los requisitos y costean los aranceles y los diplomas, ejercer la función por la cuál ha pagado un alto precio y de la cual han recibido el servicio que le permite decirse “profesional”.
¿Cuántas personas pasan por la universidad calentando y respondiendo exámenes, contestando lo que el profesor quiere, sólo cumpliendo?
¿Cuántos profesionales que hoy en día cumplen funciones que antes eran consideradas como grandes servicios sociales, dígase médico, abogado, profesor, entre muchos otros, hoy sencillamente cumplen técnicamente su labor?
¿Cuántas personas hoy ven a la universidad como otra parte de un proceso de educación que les permite obtener un título profesional y ya no cómo el centro de creación y construcción de una nueva sociedad?
¿Cuántos alumnos se querellan anualmente contra las universidades del mundo por “incumplimiento de contrato”, por considerar que el producto que le ofrecieron y el que compró no fue el que finalmente se le entregó?
¿Cuántas universidades hoy en día se preocupan menos por su posicionamiento en el ranking que por el perfil de alumnos que de ellas egresan?
¿Hacia donde se dirige todo esto?
La verdad es un problema complejo, y si la universidad continua su camino hacia la mercantilización de si misma, hacia el establecimiento absoluto de ella como un bien de consumo y de transacciones de capital, pronto tendremos una universidad donde sólo se enseñará lo rentable, donde sólo se investigará lo rentable, donde solo educaran los rentables y de donde saldrán profesionales que apelarán a obtener rentabilidad de su inversión, cosa que la universidad cada día puede garantizar menos.
Hoy aun tenemos universidades, o integrantes de aquellas universidades, que defienden la esencia de la institución por sobre las necesidades del mercado, aún se cuestionan hacia donde se dirige la universidad actual, aún apelan a que la generación de conocimiento, la responsabilidad social y el cuestionamiento de los sistemas, es parte fundamental de la labor universitaria. No obstante, si seguimos los pasos del mercado es probable que la universidad se encamine hacia el mismo lugar donde se ha encauzado el sistema económico neoliberal occidental actual, o sea, hacia una profunda crisis de la cuál salir se torna cada día más y más complejo. Esperemos que la universidad aun sea capaz de crear un nuevo sistema, de cuestionar el que vive, de replantearse lo que sabe y generar nuevas propuestas, porque si ella no cambia este sistema, este sistema terminará cambiándola a ella.
De que los hay, los hay, claro que si. Aún encontramos entre todos los docentes, estudiantes y administrativos, quienes se enorgullecen de estar en la universidad por considerarla un núcleo privilegiado que, dentro de la cambiante sociedad, tiene una voz y un papel importante, por considerarla un lugar de acción y creación, por considerarla la base de la sociedad.
No obstante, desde el arribo del señor neoliberalismo económico a la sociedad occidental contemporánea, las cosas han cambiado sustantivamente y la universidad no se ha quedado al margen en eso.
Si miramos hacia atrás en la historia encontraremos que los cambios contextuales que ha tenido que vivir la universidad, han ido modificando poco a poco sus estructuras en muchos aspectos; la integración de la mujer, la aparición de nuevos departamentos y de estudios de nuevas ciencias, la tecnología usada tanto para la investigación como para la docencia en aula, entre otras muchas otras cosas, son factores que modifican algunas estructuras de lo que era la universidad en un principio, pero su esencia, la de ser, por excelencia, el lugar donde se genera el conocimiento, se había mantenido hasta el día de hoy.
Si, hasta el día de hoy, la universidad había sido el lugar donde lo importante era la formación del conocimiento, la duda respecto al mundo que le rodea, la construcción de ese mundo. En la universidad nacieron grandes movilizaciones que movieron los cimientos del pensamiento humano y de su sociedad, ya sean revoluciones cognitivas; existencialismo o la aparición de paradigmas como el cualitativo, o ya sean revoluciones sociales, como la de Mayo del 68. En la universidad se educaba basándose en esa constante actualización del conocimiento que las generaciones posteriores habrían de cuestionar y por ende continuarían generando conocimiento. Eso era lo que esperábamos muchos de nosotros que fuera la universidad al ingresar a ella, no obstante nos encontramos con una gran sorpresa, la universidad no era eso, ni mucho menos, sino parte del mercado.
Es verdad que las universidades de diversas partes del mundo tienen diferencias sustanciales en muchos aspectos, no obstante de todas ellas se esperaba que fuesen el centro de la generación del conocimiento, del análisis, de la crítica y de la construcción de los nuevos paradigmas, los nuevos métodos, los nuevos conocimientos y las nuevas dudas, la formación de las generaciones de la sociedad futura, más todos los centros universitarios están poco a poco entrando en un proceso en que las sociedades contemporáneas occidentales comenzaron a vivir ya hace un tiempo, pero concientemente desde la segunda mitad del siglo pasado, la neoliberalización.
El juego de la libertad de mercado, que en un comienzo, basándose en la doctrina de Adam Smith hacía referencia al intercambio de riquezas a través del mercantilismo y a la acumulación de las mismas a través del proteccionismo y que hoy a capitalizado ya no sólo los bienes materiales e inmateriales, sino también los servicios, tanto públicos como privados, ha alcanzado a la universidad, ha envuelto sus razones y ha condicionado sus propósitos.
Vemos hoy en día que los altos costos arancelarios de las carreras universitarias son una forma de coartar el derecho a la educación, que durante mucho tiempo, y sobre todo en la época del “estado de bienestar” era considerado como una necesidad básica que el estado debía garantizar a sus ciudadanos, así como la salud. No obstante, esa necesidad, no siempre ha sido un derecho de todos, por lo contrario, desde sus inicios europeos en la edad medieval, fue un campo limitado a quienes pudieran pagarlo, no obstante eso se fue modificando hasta que la universidad fue abriendo sus puertas y con ello masificó la educación y el acceso a carreras profesionales, de esto podríamos decir mucho pero no es lo que ahora queremos abordar, lo que aquí intentamos analizar es como esa masificación fue aprovechada por la introducción de la economía de mercado a la universidad transformándose en una forma de gestionarla, o sea, hoy el modo en que se dirige la universidad responde cada vez más a la forma en que se tratan los bienes de consumo, más que como un lugar de construcción y cambio social, cultural, político y global. Hoy la universidad se está transformando en un bien de consumo y el conocimiento en un capital.
Como se dijo al principio, este cambio contextual, ha modificado la esencia, ha modificado el “porqué” de la universidad, ha reformado el ideal universitario, deformando, paulatinamente, está histórica institución hacia un espacio, o un lugar donde cumplir con el trámite que permite, a quien cumple los requisitos y costean los aranceles y los diplomas, ejercer la función por la cuál ha pagado un alto precio y de la cual han recibido el servicio que le permite decirse “profesional”.
¿Cuántas personas pasan por la universidad calentando y respondiendo exámenes, contestando lo que el profesor quiere, sólo cumpliendo?
¿Cuántos profesionales que hoy en día cumplen funciones que antes eran consideradas como grandes servicios sociales, dígase médico, abogado, profesor, entre muchos otros, hoy sencillamente cumplen técnicamente su labor?
¿Cuántas personas hoy ven a la universidad como otra parte de un proceso de educación que les permite obtener un título profesional y ya no cómo el centro de creación y construcción de una nueva sociedad?
¿Cuántos alumnos se querellan anualmente contra las universidades del mundo por “incumplimiento de contrato”, por considerar que el producto que le ofrecieron y el que compró no fue el que finalmente se le entregó?
¿Cuántas universidades hoy en día se preocupan menos por su posicionamiento en el ranking que por el perfil de alumnos que de ellas egresan?
¿Hacia donde se dirige todo esto?
La verdad es un problema complejo, y si la universidad continua su camino hacia la mercantilización de si misma, hacia el establecimiento absoluto de ella como un bien de consumo y de transacciones de capital, pronto tendremos una universidad donde sólo se enseñará lo rentable, donde sólo se investigará lo rentable, donde solo educaran los rentables y de donde saldrán profesionales que apelarán a obtener rentabilidad de su inversión, cosa que la universidad cada día puede garantizar menos.
Hoy aun tenemos universidades, o integrantes de aquellas universidades, que defienden la esencia de la institución por sobre las necesidades del mercado, aún se cuestionan hacia donde se dirige la universidad actual, aún apelan a que la generación de conocimiento, la responsabilidad social y el cuestionamiento de los sistemas, es parte fundamental de la labor universitaria. No obstante, si seguimos los pasos del mercado es probable que la universidad se encamine hacia el mismo lugar donde se ha encauzado el sistema económico neoliberal occidental actual, o sea, hacia una profunda crisis de la cuál salir se torna cada día más y más complejo. Esperemos que la universidad aun sea capaz de crear un nuevo sistema, de cuestionar el que vive, de replantearse lo que sabe y generar nuevas propuestas, porque si ella no cambia este sistema, este sistema terminará cambiándola a ella.
domingo, 16 de mayo de 2010
Carta abierta a Axel Kaiser
El día jueves 5 de mayo del año presente el señor Kaiser expone que la actual crisis económica en occidente es consecuencia de las excesivas políticas sociales de los países como Grecia. Luego responde en otra carta a Sebastian Kauffman reafirmando esta posición respecto al tema cuestionando los ejemplos presentados por el señor recién nombrado.
La verdad es que fuera de la discusión generada por lo expuesto por el señor Kaiser, quisiera decirle que al parecer subestima a la ciudadana común y corriente que con un mínimo de cultura sabemos que lo que ha llevado a occidente a la crisis económica actual no es precisamente las políticas sociales de los países que pertenecen a esta cultura sino lo contrario, la especulación financiera de las agencia económicas que desde hace décadas juegan con las riquezas privadas (que lamentablemente han crecido privatizando incluso los servicios antes públicos, entiendase educación, salud, jubilación, etc) sin importar las consecuencias sociales que puedan tener, porque cuando conviene especular con acciones a la baja para poder acceder a ellas a menor precio, no importa en lo absoluto si dichas acciones pueden desestabilizar la economía de una región, un país o un continente, afectando directamente a quienes participan del mercado que, desdichadamente, somos todos.
Países donde el estado maneja grandes riquezas obtenidas a través de los impuestos o a través de los recursos del estado (como empresas estatales, que puede sonarle extraño a usted según expone en su respuesta al señor Kauffman, no obstante si existen e incluso en Chile han existido, recuerde señor de donde proviene LAN y IANSA, recuerde empresas como Chilectra, CTC y muchas otras creadas desde 1930 en adelante y privatizadas durante la dictadura militar), países donde impuestos del 20% o más, se utilizan para garantizar amplia seguridad social, educación de calidad gratuita, salud a cero costo y de excelencia, pensiones, entre otros muchos beneficios, países que garantizan todo eso y más son parte de los más estables del mundo, me refiero a Suiza, Noruega, Suecia, Finlandia.
Estos últimos países nombrados, tienen garantías sociales más grandes que a las que Grecia alguna vez ha aspirado, tienen políticas sociales mejores e importantes que protegen a la ciudadania, no como las nombradas por usted, Estados Unidos, entre otras cuyas políticas sociales han sido mínimas y cualquier empuje se ve frustrado por la influncia de su gran empresa privada.
Señor Kaiser, creame que si bien sus ejemplos parecen claros y consecuentes justifican una afirmación errónea, justifican una crisis, según usted proveniente de las políticas sociales, no obstante no es así, esa crisis proviene de la excesiva avaricia de las grandes empresas y agencias económicas que en su afán de concentrar riquezas juegan con cosas que implican sufrimiento y desgracia a millones de personas que para las bolsas mundiales, las transnacionales, las grandes firmas, los inmensos consorcios, no importamos.
Sabemos desde hace tiempo que el cliente no tiene la razón, señor Kaiser, pero ahora también sabemos que las empresas y los economistas tampoco la tienen.
Atentamente
Beatriz Román
La verdad es que fuera de la discusión generada por lo expuesto por el señor Kaiser, quisiera decirle que al parecer subestima a la ciudadana común y corriente que con un mínimo de cultura sabemos que lo que ha llevado a occidente a la crisis económica actual no es precisamente las políticas sociales de los países que pertenecen a esta cultura sino lo contrario, la especulación financiera de las agencia económicas que desde hace décadas juegan con las riquezas privadas (que lamentablemente han crecido privatizando incluso los servicios antes públicos, entiendase educación, salud, jubilación, etc) sin importar las consecuencias sociales que puedan tener, porque cuando conviene especular con acciones a la baja para poder acceder a ellas a menor precio, no importa en lo absoluto si dichas acciones pueden desestabilizar la economía de una región, un país o un continente, afectando directamente a quienes participan del mercado que, desdichadamente, somos todos.
Países donde el estado maneja grandes riquezas obtenidas a través de los impuestos o a través de los recursos del estado (como empresas estatales, que puede sonarle extraño a usted según expone en su respuesta al señor Kauffman, no obstante si existen e incluso en Chile han existido, recuerde señor de donde proviene LAN y IANSA, recuerde empresas como Chilectra, CTC y muchas otras creadas desde 1930 en adelante y privatizadas durante la dictadura militar), países donde impuestos del 20% o más, se utilizan para garantizar amplia seguridad social, educación de calidad gratuita, salud a cero costo y de excelencia, pensiones, entre otros muchos beneficios, países que garantizan todo eso y más son parte de los más estables del mundo, me refiero a Suiza, Noruega, Suecia, Finlandia.
Estos últimos países nombrados, tienen garantías sociales más grandes que a las que Grecia alguna vez ha aspirado, tienen políticas sociales mejores e importantes que protegen a la ciudadania, no como las nombradas por usted, Estados Unidos, entre otras cuyas políticas sociales han sido mínimas y cualquier empuje se ve frustrado por la influncia de su gran empresa privada.
Señor Kaiser, creame que si bien sus ejemplos parecen claros y consecuentes justifican una afirmación errónea, justifican una crisis, según usted proveniente de las políticas sociales, no obstante no es así, esa crisis proviene de la excesiva avaricia de las grandes empresas y agencias económicas que en su afán de concentrar riquezas juegan con cosas que implican sufrimiento y desgracia a millones de personas que para las bolsas mundiales, las transnacionales, las grandes firmas, los inmensos consorcios, no importamos.
Sabemos desde hace tiempo que el cliente no tiene la razón, señor Kaiser, pero ahora también sabemos que las empresas y los economistas tampoco la tienen.
Atentamente
Beatriz Román
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