jueves, 20 de mayo de 2010

Carta al neoliberalismo universitario

“Pocas cosas terrenales son más perdurables que la Universidad” varias veces he leído ese poema de John Masefield que nos habla de esa, hoy, utopía universitaria sobre la curiosidad y el amor al conocimiento de los espíritus inquietos y críticos que forman parte del mundo universitario.
De que los hay, los hay, claro que si. Aún encontramos entre todos los docentes, estudiantes y administrativos, quienes se enorgullecen de estar en la universidad por considerarla un núcleo privilegiado que, dentro de la cambiante sociedad, tiene una voz y un papel importante, por considerarla un lugar de acción y creación, por considerarla la base de la sociedad.
No obstante, desde el arribo del señor neoliberalismo económico a la sociedad occidental contemporánea, las cosas han cambiado sustantivamente y la universidad no se ha quedado al margen en eso.
Si miramos hacia atrás en la historia encontraremos que los cambios contextuales que ha tenido que vivir la universidad, han ido modificando poco a poco sus estructuras en muchos aspectos; la integración de la mujer, la aparición de nuevos departamentos y de estudios de nuevas ciencias, la tecnología usada tanto para la investigación como para la docencia en aula, entre otras muchas otras cosas, son factores que modifican algunas estructuras de lo que era la universidad en un principio, pero su esencia, la de ser, por excelencia, el lugar donde se genera el conocimiento, se había mantenido hasta el día de hoy.
Si, hasta el día de hoy, la universidad había sido el lugar donde lo importante era la formación del conocimiento, la duda respecto al mundo que le rodea, la construcción de ese mundo. En la universidad nacieron grandes movilizaciones que movieron los cimientos del pensamiento humano y de su sociedad, ya sean revoluciones cognitivas; existencialismo o la aparición de paradigmas como el cualitativo, o ya sean revoluciones sociales, como la de Mayo del 68. En la universidad se educaba basándose en esa constante actualización del conocimiento que las generaciones posteriores habrían de cuestionar y por ende continuarían generando conocimiento. Eso era lo que esperábamos muchos de nosotros que fuera la universidad al ingresar a ella, no obstante nos encontramos con una gran sorpresa, la universidad no era eso, ni mucho menos, sino parte del mercado.
Es verdad que las universidades de diversas partes del mundo tienen diferencias sustanciales en muchos aspectos, no obstante de todas ellas se esperaba que fuesen el centro de la generación del conocimiento, del análisis, de la crítica y de la construcción de los nuevos paradigmas, los nuevos métodos, los nuevos conocimientos y las nuevas dudas, la formación de las generaciones de la sociedad futura, más todos los centros universitarios están poco a poco entrando en un proceso en que las sociedades contemporáneas occidentales comenzaron a vivir ya hace un tiempo, pero concientemente desde la segunda mitad del siglo pasado, la neoliberalización.
El juego de la libertad de mercado, que en un comienzo, basándose en la doctrina de Adam Smith hacía referencia al intercambio de riquezas a través del mercantilismo y a la acumulación de las mismas a través del proteccionismo y que hoy a capitalizado ya no sólo los bienes materiales e inmateriales, sino también los servicios, tanto públicos como privados, ha alcanzado a la universidad, ha envuelto sus razones y ha condicionado sus propósitos.
Vemos hoy en día que los altos costos arancelarios de las carreras universitarias son una forma de coartar el derecho a la educación, que durante mucho tiempo, y sobre todo en la época del “estado de bienestar” era considerado como una necesidad básica que el estado debía garantizar a sus ciudadanos, así como la salud. No obstante, esa necesidad, no siempre ha sido un derecho de todos, por lo contrario, desde sus inicios europeos en la edad medieval, fue un campo limitado a quienes pudieran pagarlo, no obstante eso se fue modificando hasta que la universidad fue abriendo sus puertas y con ello masificó la educación y el acceso a carreras profesionales, de esto podríamos decir mucho pero no es lo que ahora queremos abordar, lo que aquí intentamos analizar es como esa masificación fue aprovechada por la introducción de la economía de mercado a la universidad transformándose en una forma de gestionarla, o sea, hoy el modo en que se dirige la universidad responde cada vez más a la forma en que se tratan los bienes de consumo, más que como un lugar de construcción y cambio social, cultural, político y global. Hoy la universidad se está transformando en un bien de consumo y el conocimiento en un capital.
Como se dijo al principio, este cambio contextual, ha modificado la esencia, ha modificado el “porqué” de la universidad, ha reformado el ideal universitario, deformando, paulatinamente, está histórica institución hacia un espacio, o un lugar donde cumplir con el trámite que permite, a quien cumple los requisitos y costean los aranceles y los diplomas, ejercer la función por la cuál ha pagado un alto precio y de la cual han recibido el servicio que le permite decirse “profesional”.
¿Cuántas personas pasan por la universidad calentando y respondiendo exámenes, contestando lo que el profesor quiere, sólo cumpliendo?
¿Cuántos profesionales que hoy en día cumplen funciones que antes eran consideradas como grandes servicios sociales, dígase médico, abogado, profesor, entre muchos otros, hoy sencillamente cumplen técnicamente su labor?
¿Cuántas personas hoy ven a la universidad como otra parte de un proceso de educación que les permite obtener un título profesional y ya no cómo el centro de creación y construcción de una nueva sociedad?
¿Cuántos alumnos se querellan anualmente contra las universidades del mundo por “incumplimiento de contrato”, por considerar que el producto que le ofrecieron y el que compró no fue el que finalmente se le entregó?
¿Cuántas universidades hoy en día se preocupan menos por su posicionamiento en el ranking que por el perfil de alumnos que de ellas egresan?
¿Hacia donde se dirige todo esto?
La verdad es un problema complejo, y si la universidad continua su camino hacia la mercantilización de si misma, hacia el establecimiento absoluto de ella como un bien de consumo y de transacciones de capital, pronto tendremos una universidad donde sólo se enseñará lo rentable, donde sólo se investigará lo rentable, donde solo educaran los rentables y de donde saldrán profesionales que apelarán a obtener rentabilidad de su inversión, cosa que la universidad cada día puede garantizar menos.
Hoy aun tenemos universidades, o integrantes de aquellas universidades, que defienden la esencia de la institución por sobre las necesidades del mercado, aún se cuestionan hacia donde se dirige la universidad actual, aún apelan a que la generación de conocimiento, la responsabilidad social y el cuestionamiento de los sistemas, es parte fundamental de la labor universitaria. No obstante, si seguimos los pasos del mercado es probable que la universidad se encamine hacia el mismo lugar donde se ha encauzado el sistema económico neoliberal occidental actual, o sea, hacia una profunda crisis de la cuál salir se torna cada día más y más complejo. Esperemos que la universidad aun sea capaz de crear un nuevo sistema, de cuestionar el que vive, de replantearse lo que sabe y generar nuevas propuestas, porque si ella no cambia este sistema, este sistema terminará cambiándola a ella.