domingo, 13 de junio de 2010

Carta abierta a Santiago

Una vez hice a mis alumnas escribir microcentos sobre Santiago, la idea era personificar la ciudad, describirla como un Santiago y la relación que cada una tenía con ese Santiago, no conservo esos cuentos, pero recuerdo ideas, ahora memoro uno de la Señorita Gabriela Barros, que decía algo sobre un Santiago que cada mañana calentaba las espaldas de los que bajaban a sus altos trabajos, y que golpeaba en los madrugadores ojos a quienes subían a sus bajos trabajos. Era un Santiago ingrato.
Otros hablaban del Santiago agobiado, el Santiago con asma, el Santiago incansable, el Santiago pueril que se cree un adulto. No envíamos esos cuentos al Santiago en 100 palabras, hicimos nuestro propio concurso y como siempre, las alumnas ganadoras se llevaron libros que yo aprovechaba de comprar en mis viajes a Buenos Aires, porque la cultura en Santiago, muy en contra de su voluntad, tampoco era accesible para todos.
Hoy, revisando la prensa internacional, cosa que no hago, pero mi otra mitad si, me decía que en un conocido diario alemán aparecía la noticia de que Santiago es la capital con mayor nivel de depresión a nivel mundial. Véase aquí.

¿Porqué estás triste Santiago?
¿Porqué transitamos tristemente por tus calles?

Ayer, caminando por las calles primaverales de Barcelona pensaba ¿dónde está la primavera? Recordaba (haciendo la superflua y poco objetiva comparación idealista de quién se siente lejos de una casa que cuando vivía en ella no consideraba suya) que cuando transitaba en bicicleta por las calles de Santiago en mi barrio, muy transitado por autos y poco por personas (excepto por aquellas que iban al metro o a comprar algo, pero que jamás caminaban por caminar) en primavera olía de jazmines, de pastos regados, de almendro florecido. Acá la primavera es como un verano en que aún llueve de vez en cuando, sólo hacia las montañas puede sentirse el olor de las plantas, que si bien no son jazmines, huelen parecido y si bien no son almendros huelen parcidos y que se combina con el olor del pino y el bosque que se disgrega por los cerros. Santiago, en sus pequeños parques, tenía el olor de litre maduro y de las hojas de boldo al quebrarse. Pero ¿alguien lo notaba?
Algunas veces hablé de esto con amigos y hermanos caminando por esos parques, pedaleando por esas calles y para ellos era una sorpresa darse cuenta de la existencia de los olores que más podían asociar a la infancia en el campo que a la ciudad en que viven el día a día.

Ya, desde hace un tiempo, se sabe que en la capital de Chile las depresiones abundan, que la mayoría de las razones por la que la gente debe tomar licencias en su trabajo es por depresión, que los niveles de estrés son cada día mayores como si en Santiago jamás se dejara de trabajar y no se supiera para qué, ni por qué jamás se descansa. Pero, sólo ahora, nuestro malentendido "Santiasco" está siendo conocido internacionalmente por su estado depresivo.

¿Qué te pasa Santiago? ¿Es que tus deudas no te dejan dormir por la noche y por eso andas siempre cansado?
¿Qué te pasa Santiago? ¿Es que esas alarmas que se han transformado en tu constante banda sonora no te dejan descansar pues, aún cuando supones dormir las sientes, siempre, a cada instante alarmandote, que es su función?
¿Qué te pasa Santiago? Que aunque te traen maravillas gigantes e ilusiones internacionales, no pudes sonreir sin dejar un río de destrozos y desperdicios después?
¿Qué te pasa Santiago? ¿qué tus veredas se han estrechado y tus calles se han enanchado pero aun así te atascas, de atoras?
¿Qué te pasa Santiago? Es que vives en un valle rodeado de naturaleza que no puedes ver porque tu capa de Smog característica no te deja ver más allá de tus narices?
¿Qué te pasa Santiago? Qué la gente te teme tanto que no quiere caminar por tus calles, que no quiere pedalear por tus escasas ciclovías, ni quiere pasear al atardecer oliendo tus jardines recién regados.
¿Es eso lo que te apena? El miedo, la angustia, el ruido, la insatisfacción, la falta de oxígeno y de paz.
No te enojes conmigo Santiago, te quise a mi modo y te olí, te miré, me perdí en tus calles abandonadas en las tardes, limpias de ruido como el primer día del año a las 9 de la mañana. Busqué tu cordillera imponente y hermosa cada mañana al ir a mi trabajo pero tu me dabas con tu sol en mis ojos que aún no terminaban de despartar.

1 comentario:

  1. Me recordó, por partes, a la muralla enterrada... como un Santiago escondido con una forma definida (definida, lamentablemente, de mala manera por sus habitantes.. que pudiendo hacer tanto siguen en un círculo sin sentido). Pero creo que Santiago, como todo territorio, tiene una vida más allá de esto.. una vida propia, un olor característico, un ciclo (obstaculizado ahora, pero que siempre tenderá a volver).. como la teoría de Lovelock que habla de la tierra como un gran ser vivo (Bueno, en este caso nosotros vendríamos a ser ahora los parásitos, al dañarla en vez de contribuir en su funcionamiento.. y además, de paso, dañarnos). Primera vez que leo algo en prosa bastante poética de usted :) me encantó. Espero que esté muy bien profe, muchos saludos y le deseo lo mejoor por allá :D

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